Juan José Soca. Entre el diván y la calle. Entrevista.

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Por Equipo Mejor Vivir.

Juan José Soca es psicoanalista. Influenciado por su profesor de Filosofía de colegio, Juan José comenzó temprano su recorrido por el estudio de la psicología humana. Agudo, inquieto, siempre atento a las contingencias históricas, este uruguayo radicado en Chile desde hace 30 años, es una de las figuras importantes que ha contribuido a la comprensión del psicoanálisis en nuestro país. Su alumnado, de distintas universidades chilenas, destaca su calidez, trato cordial y una disposición abierta a la escucha que interpela, integra y posibilita sentido; un psicoanalista que, distando mucho de la estereotipada imagen del observador calculista, encarna muy bien aquel “actuar con su ser” referido por Lacan. Hoy Juan José Soca nos devela del Psicoanálisis, ciertos aspectos que, no siendo ajenos a diván, nos hablan de un espacio común donde la individualidad, inscrita en lo cultural-social, nos devuelve a una existencia juntos a otros y otras constitutivos.

¿Juan José, por qué Psicoanálisis?

Creo que, para mi caso, lo que puedo decir es que los grandes maestros, los grandes enseñantes, marcan mucho; es lo que me sucedió con mi profesor de Filosofía de colegio. A los 18 años, aunque no tenía muy claro qué era lo que quería estudiar, la decisión corrió claramente por el lado de las humanidades y de lo significativo que fueron aquellas clases de filosofía en las cuales algo aprendí de psicoanálisis. Entré a la carrera de Psicología en un momento histórico muy especial, pues en Uruguay se estaba en Dictadura, y además era un año importante para toda Latinoamérica y para el mundo. Era en 1968, y lo que me cautivó aún más del psicoanálisis fueron sus interrogantes acerca de lo humano con implicancias en la contingencia social, dando cuenta de los aspectos más terribles que se estaba viviendo, lo complicado de las relaciones humanas, el abuso de unos sobre otros, y, en fin, el malestar y sufrimiento que todo ello supone.

El Psicoanálisis -afirmas- tiene que ver con lo social…

Claro. Si uno toma la obra de Freud, se puede acudir a los textos culturales, “Malestar en la cultura”, “Tótem y tabú”, “Psicología de las masas y análisis del yo”, entre otras. Ahí uno se da cuenta que, si bien Freud fue un clínico, siempre estuvo interesado en lo social; los sujetos no se forman aisladamente, ello siempre se da en un contexto social, económico, cultural. Si bien el psicoanalista escucha el malestar subjetivo, ese malestar no es el mismo en sujetos de distintas condiciones sociales; el sufrimiento se particulariza según los contextos sociales y económicos.

Llevándolo a una situación actual, ¿cómo veríamos reflejada esa relación constitutiva entre individuo y sociedad?

El cruce de lo individual y social por ejemplo en Chile –y yo lo hago extensivo al resto de Latinoamérica-, nos evidencia un panorama de desconfianzas; vivimos una crisis cultural y social donde no hay credibilidad en las instituciones ni en los vínculos sociales. Pues bien, yo creo que la lectura que el psicoanálisis puede ofrecer ante estos tiempos, no es la de reforzar o asentar la melancolía por ejemplo, o quedarse en la alarma frente a los índices elevados de depresión; esos son hechos de la causa, datos desde los cuales podemos cuestionar en vista a proponernos una nueva forma de relacionarnos, de convivir. Es una buena ocasión para reflexionar, para pensar nuevas formas de relacionarnos, no desde el abuso ni desde el exitismo; pudiendo pensar algo distinto, en conjunto con otros y otras. Es una excelente oportunidad para inventar nuevos lazos sociales que no estén basados exclusivamente en el abuso de poder, en el autoritarismo, en relaciones enajenantes; la historia ha demostrado que ese tipo de relaciones basadas en esa dialéctica del amo y el esclavo a la que se refirió Hegel, lo que ha hecho es aumentar el sufrimiento psíquico y social, relación que en propiedad es una dinámica: cuando la individualidad padece, la sociedad padece, y cuando es la sociedad la que padece también así la individualidad.

¿Y por qué esta relación dinámica no siempre ha sido tomada en cuenta dentro del ejercicio de la psicología clínica?

Por ilusión. Ilusión cartesiana que entiende como separados alma y cuerpo, individuo y sociedad. Son miradas reduccionistas que algunos marcos teóricos han fomentado, como el conductismo y la psicología cognitivo conductual, y algunas ramas del llamado Humanismo existencial que apuestan por la persona en sí misma, despegada del contexto. Si en la realidad lo que uno ve son personas que sufren cosas, cosas que no son etéreas, sufren por relaciones con otros y otras, por carencias materiales o apegos del mismo tipo, por sentirse que no “logran”, que no “merecen”, que no se les ama, etc. Somos en relación a la otredad, siempre. Al decir de Lacan: el sujeto se constituye a partir de una alteridad, de un Otro.

Siendo tan relevante el valor de los otros y otras para la individualidad, podemos afirmar desde ahí, ¿que la clínica psicoanalítica es una clínica amorosa?

Bueno, Freud planteó que la cura psicoanalítica es una cura por el amor. Y el amor, como lo entiende el Psicoanálisis no es una cosa idílica en el sentido de la ilusión. Se trata de una escucha amorosa, porque para ejercerla necesitas poner entre paréntesis tu propio sufrimiento para estar con esa persona que es tu paciente, no es una proyección de mi dolor en el otro; es un acto de respeto y de atención cuidadosa. Y a la vez, el hecho de que el paciente se abra, su entrega, es también un acto amoroso, de confianza. La cura se da en ese espacio.

Y en esta cura, ¿cómo actúan las pulsiones?

Es importante reconocer que existen pulsiones, y que la pulsión de muerte por ejemplo, no le resta valor a la cura de amor. Es decir, el Psicoanálisis postula y reconoce que hay aspectos en el ser humano que no pueden ser controlados, en el sentido de que no podemos negar que existen.
Freud en “Más allá del principio del placer”, se pregunta por la compulsión de repetición, esto de hacer algo que sabiendo o no sabiendo que nos daña, sin embargo no podemos evitar. ¿Por qué?, -se preguntó Freud- a pesar, de que todos deseamos relaciones placenteras? Al decir de Lacan, hay una suerte de goce que nos empuja a repetir situaciones traumáticas y paradójicamente trae sufrimiento. Freud se dio una respuesta, al postular la pulsion de muerte. No solo existe la pulsión de vida que busca lo placentero, lo agradable; no podemos negar que también existe una pulsión, algo en nosotros que puja por la destrucción. Lacan llamaría “lo real” a esa parte y que a veces adquiere un aspecto siniestro, que en su expresión más oscura se manifiesta a través de la violencia intrafamiliar, los abusos de todo tipo, asesinatos, etc.
Así, hay aspectos del ser humano que angustian, que nos asustan incluso, y no hay que negarlos; he ahí por qué Lacan nos invita a verlos como algo real. Sin embargo, lo común es negarlo o proyectarlos en otros; y esa no es la solución, porque entonces esos aspectos que no se pueden soportar vuelven y se repiten.
La clínica psicoanalítica apunta a la posibilidad de reconocimiento de esos aspectos que duelen, que asustan; cosa que se hace en base a un recorrido, a un proceso que vive el paciente y en el cual uno como psicoanalista, acompaña, y a la vez garantiza que sea ese el momento adecuado. No se trata de mostrar sin más lo real, de llegar y enunciárselo al paciente, no, porque el psicoanalista no está para empujar a las personas a un abismo; la cura psicoanalítica es cura para que el paciente pueda hacer algo con eso y no para atormentarlo más.

Y este trabajo de cura, clínico de diván, cómo podría aportar sus herramientas para que una persona que no asiste a terapia, se valga de ellas de algún modo?

Freud nunca se opuso a la divulgación del Psicoanálisis, y desde ahí se ve que sí, es posible aportar herramientas de clínica a quienes no asisten a terapia. Lo importante en este sentido, es responder a un desafío que tiene el Psicoanálisis mismo, y es que si el Psicoanálisis quiere salir de esa torre de marfil en que suele ponérsele, tiene que atreverse a ser divulgado, difundido, desafío que yo creo que debe ser fiel a su riqueza; el Psicoanálisis no es un recetario, y en ese sentido, y por su concepción social del ser humano, hoy se vuelve además oportuno hacerlo accesible de manera rigurosa y sencilla a la vez, a los lectores digitales que muchas veces se ven invadidos de información tergiversada o malamente simplificada respecto del Psicoanálisis. Sí, claro, hay que sacar el Psicoanálisis a la calle, y hay que saber sacar el Psicoanálisis a la calle, pues la idea es aportar; con fidelidad y sencillez, eso es posible, por supuesto.

¿De qué manera el Psicoanálisis puede dar una explicación que nos ayude a construir lazos sociales que previamente hayan interpelado nuestro auténtico compromiso con lo que solemos llamar justicia?

Quizás una posible respuesta es la que trae Lacan cuando se pregunta: “Dónde está el amo, adentro o afuera?” y luego se responde: “adentro y afuera”. La justicia, siendo una aspiración legítima, choca con aspectos de uno que son muy tiránicos, y si no existe voluntad de reconocer eso, lo tiránico se termina justificando en nombre de la justicia. Esto se da en todo ámbito; ser de izquierda, por ejemplo, no garantiza que se sea una persona justa; se puede llegar a ser muy injusto. ¿Si uno no trabaja el amo que tiene adentro, cómo va a luchar por una justicia afuera? Esa lucha no pasa por una declaración de palabras simplemente.
Aquí lo que cabe es ser honesto, lo más honesto posible, con uno mismo y con los demás, no venderse pomadas; reconocer sus aspectos tiránicos, abusivos, desmedradores de los demás. Reconocer y no negar.

Nos faltan espacios públicos donde se hagan este tipo de reflexiones, que no miren el afuera sin mirar el adentro…

Claro. Fíjate, el Psicoanálisis en otros países está al nivel de psicología popular, en el sentido del alcance de su difusión. Acá en Chile se le tiende a mirar con recelo, con resguardo, y bueno, eso también se explica porque existe una experiencia traumática que nos llevó a intimidarnos ante cualquier invitación a ver nuestro interior, pues la represión social terrible que ha vivido Chile ha generado y genera desconfianza extrema. En ese sentido, la Dictadura hizo un “buen” trabajo: es peligroso pensar.

Quizás en eso se sostiene esa pregunta que, con actitud de resguardo, medio en broma medio en serio, se le suele hacer a los psicólogos: “¿me estás psicoanalizando?”

Ah, mira, claro, algo como eso hay. Y la cura psicoanalítica está lejos de un interés endiosador del psicoanalista. Como comentaba, el Psicoanálisis no da recetas, y tampoco es un panóptico que busca controlar para dar respuestas convenientes a un amo observador. El Psicoanálisis más que nada hace preguntas, y cada sujeto encontrará su respuesta según su tiempo subjetivo y su deseo, y quizás no encontrará todas las respuestas; la pretensión del Psicoanálisis no es desplegar un saber totalizante, más bien que el paciente descubra su verdad inconsciente, una parte de ella ya que toda es imposible, y en esto consiste la cura.

Un cura que incluye la angustia, la tristeza, y que cuestiona el concepto de felicidad medible.

Así es. La angustia es propiamente humana, la tristeza también; negarlas, “ponernos mal” por sentirlas es algo aprendido. La angustia nos habla, está ahí por algo; nos moviliza incluso, porque nos permite ver lo que podemos cambiar y también lo que no podemos cambiar. Y ver eso siempre es más sano, más conveniente. Un monto de angustia nos mueve a buscar soluciones, y una carga excesiva de ella puede paralizarnos. Si partimos viéndola como algo malo, todo resulta más dificil y el malestar se acrecienta. Con la tristeza, pasa algo similar; hay cosas que nos dan tristeza, y eso es humano, por eso el Psicoanálisis no busca la felicidad como aquel ideal de ausencia de dolor, eso es ilusión; una ilusión que termina siendo una suerte de presión y represión que cuela lo que está permitido sentir y lo que no. Lo que en realidad importa es reconocer lo que nos sucede y sentirlo, para desde ahí cada uno pueda atreverse a ser un poco autor de su vida, permitiendo una convivencia más amable con nosotros mismos y con los otros.

Gracias, Juan José por tu aporte a la comprensión del Psicoanálisis, a la comprensión de nosotros mismos.
Gracias por la oportunidad ofrecida de intercambiar algunas ideas.

Reseña Curricular. Juan José Soca es psicólogo titulado de la Universidad Mayor de la República Oriental del Uruguay, reconocido por el Estado de Chile. Psicoanalista. Fundador del Grupo Psicoanalista Plus de Santiago, miembro de la Asociación Lacaniana Internacional, Docente de la Universidad Nacional Andrés Bello y de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano, Magíster en Etnopsicoanálisis de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso y Candidato a Doctor en Psicoanálisis de la Universidad Nacional Andrés Bello de Viña del Mar. Consulta Clínica en Santiago y en Viña del Mar.

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