Psiquis y Eros. La mítica unión entre amor placentero y alma.

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PSICOLOGÍA DEL AMAR

Fotografías: Luis Loyola

Por Gisela Torres 

Intentar dar cuenta de la Psiquis, exige, de un algún modo hablar de algo que es anterior a una definición mitológica u operacional, pues la Psiquis está integrada en nuestro ser de una manera existencial; llegamos a este mundo mundo siendo seres psicológicos, seres con «alma», con ánimus, y gozamos de tal condición sin haberlo pedido. La Psiquis pues, forma parte de una dimensión ineludiblemente ligada a la Vida. Somos psicológicos; somos seres de «alma», traducción o traslación latina del concepto Psiqué.

Nominada por el mundo griego, Psiqué es justamente vida; aliento de vida, para ser más precisos, aquel que vuela más allá de la muerte, y que, por lo mismo, los griegos representaron también como una mariposa, imagen de la cual derivaría la letra Psi cuyo grafema original semeja a este ser alado.

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Según la mitología griega, Psiqué era una hermosa princesa cuya belleza encendía el corazón de los jóvenes que viajaban de todas partes sólo para admirarle y declararle su amor. Sin embargo, Psiqué no se enamora sino hasta cuando el mismo Eros (el Dios del Amor que despierta el Placer), logra tocar su corazón; Afrodita, la diosa de la Belleza, envidiosa de la hermosura de Psiqué, envía a su hijo Eros para tenderle una trampa: él debía enamorarla, llevarla a un lugar solitario y matarla.

Mas Eros, prendido de la belleza de Psiqué, termina protegiéndola, ocultándola en la soledad de un jardín donde cada noche, se acercaba a amarla en la oscuridad. Llevada a la intriga y la desconfianza por su hermanas, Psiqué decide descubrir el rostro de quien la ama a oscuras, temiendo que fuese un monstruo; mas, cuando la cera de la vela cae sobre el rostro de su amado, Psiqué descubre que su amante es el mismo Eros, ahora herido por la llama de la desconfianza. Duras pruebas hubo de pasar Psiqué para que Afrodita aplacara su ira y la perdonara; Eros, al ver su entrega y arrepentimiento, vuelve a reconocerla como su amada y conciben una hija, llamada Voluptas (de la misma raíz de la que proviene Voluntad).

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¿Qué nos dice el Mito griego? Psiquis y Eros; el Alma y el Amor, se enamoran. ¿Por qué Psiqué se enamora de Eros y no de otro joven de los muchos que la cortejaba y que representan, cual su amado, a alguna de nuestras fuerzas interiores? Eros es Amor, y no cualquier tipo de amor; es aquel que va unido al placer, a lo placentero del amar. Así, el aliento de vida, la propia Psiqué, es una enamorada del placer porque él es el que le regala las «ganas» de vivir, o el vivir con ganas, con entusiasmo, con pasión.

Si llevamos el mito a lo que su poder figurativo comprende, bien podemos concordar cuánto buen ánimus nos reportan las experiencias, relaciones, creencias y sensaciones placenteras; la vida aparece rebosante en su anchura de emocionalidad positiva y en su don de goce. Psiqué, es decir, el alma, busca a Eros; nuestra alma busca sentirse placentera y hasta se revitaliza con la sorpresa de un goce inesperado.

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¿Y Eros? ¿Por qué Eros se enamora de Psiqué? ¿Por qué se enamora del Alma, de nuestro aliento de vida? Sólo en lo que bulle vida, en lo que quiere vivir, lo placentero puede germinar, desarrollarse, realizarse.

Esta Psiqué que ha desconfiado de su amado, como desconfiamos del placer cuando se comporta como egoísmo o abuso, ama con tanta devoción la vida que hasta es capaz de sufrir la ausencia de su amado. ¡Cuánto duele, cuánto pesa amar con placer a quien está ausente! Fuerte doncella Psiqué, abatida pero no aniquilada en esta tregua de la cual no sale airosa si no cuando vuelve a tomarse de la mano de su amado para revitalizar su propio ser.

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La versión que más abunda respecto al Mito de Psiqué y Eros es esta que nos presenta a los enamorados saliendo victoriosos en su hazaña de amar.

Pero existe otra versión del Mito. Pisqué ha dudado de su amado; puesta en actitud de intriga por sus hermanas envidiosas de su belleza, ella teme estar siendo engañada por un monstruo que sólo busca la intimidad de la noche para ocultar su fealdad; fealdad que en propiedad, no es física, es fealdad esencial; fealdad pues, de un placer dislocado de su vocación original y puesto al servicio de sí mismo antes que del amor. Psiqué está desconfiando pues que tal amante busque el placer que ni vitaliza ni hace crecer, sino que se consume en el ego.

Eros se enfadaría con Psiqué por su desconfianza, condenándola a una trsiteza sin retorno. En estas circunstancias, Psiqué pierde su aliento; se vuelve queda, solitaria, insuperada en su dolor. ¿No pasa de este modo cuando nuestra alma no supera el dolor, cuándo no vuelve a asirse de lo placentero, cuando el placer le rehuye pues se ha cedido a apagar el aliento que da vida?

El mito de Psiquis y Eros, por ese poder de proyección que tiene lo ficticio, no es más que evocación de nuestra propia capacidad de amar. Ya sea en una vereda u otra de las versiones de este mito, o andando nuestros pasos entre ambas calzadas, la aventura de tomar la vida con entusiasmo y en consecuencia, con amor, nos hace eco respecto de lo que somos, queremos y buscamos para nuestra vida junto a alguien más.

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1 Comentario

  1. Me acuerdo del mito de eros y psique y de la enseñanza que nos deja sobre su enamoramiento mutuo, sobre la vida unida al amor placentero y sobre el peligro de la separación del placer egocéntrico del amor.
    Vivir en forma apasionada, hacer lo que apasiona en el eros vivido, en que la relación con el otro está en el centro. Uno siente cuando está siendo feliz ¿Qué puede ser más central que esto para una persona?

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